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A su lado.

Desde que decidí estudiar gastronomía estaba seguro que era mi vocación el hecho de preparar alimentos me llena de satisfacción ya que realmente disfruto mucho experimentar con diferentes especies, ingredientes, texturas y aunque algunas no saben cómo lo esperaba y otras quedan mejor de lo que las imagino no dejo de emocionarme al ver terminado un plato, ver que el comensal lo prueba, le agrada, lo disfruta y se vuelve un clásico de mi restaurante eso es tan motivador para seguir haciendo lo que me apasiona.

Lo malo que tiene mi profesión es que obviamente siempre tengo un fuerte aroma a grasa tanto en la piel como en el cabello es decir en el poco que me queda ya que estoy perdiendo mucho y me avergüenza ser calvo aunque en la cocina lo puedo disimular un poco al usar la cofia en la cabeza además que su uso es obligatorio pero, al salir del trabajo prefiero usar todo el tiempo una gorra que no permite ver que cada día tengo menos cantidad.

 

Mientras curse la secundaria tuve varias novias todas ellas eran las más guapas de su salón siempre que terminaba el noviazgo con una ya tenía otra niña dispuesta a estar ahí para consolarme; era muy seguro de mí, de mi imagen, de mi galantería y mi personalidad carismática, no puedo decir que era tan bello como un artista de la televisión pero honestamente me sentía guapo.

Pero es que a mis veinticuatro años no creo que sea normal estar perdiendo cabello de la forma en que me sucede, mi imagen ahora es muy distinta a lo que fue antes ya que desde que era un adolescente me sentía bastante galán las compañeras del colegio estaban siempre cerca de mi tratando de hablarme con el pretexto más absurdo incluso para la fiesta de graduación de la preparatoria más de una me propuso asistir con ellas al baile, entonces inteligentemente decidí ir solo y divertirme con todas sin tener que sentirme comprometido con una de ellas.

Pero cada día siento que me parezco menos al chavo guapo que fui alguna vez y eso me deprime después de haber sido atractivo ahora me siento muy inseguro, sé que a las mujeres no les atraen los hombres calvos por lo que ahora soy tímido para hablarles a las chicas ya que no estoy conforme con lo que veo cada día frente al espejo.

Un día tuve tanta gente en el restaurante que casi me parecía imposible atender a todas las personas que estaban en el salón de modo que tuve que pedirle apoyo a la señora que lava los trastes para preparar unos ingredientes mientras yo tomaba un pequeño respiro y aproveche que todos estaban tan ocupados para notar que por un momento me levante la confianza pero no podía estar más equivocado ya que había una chica observándome del otro lado de la cocina, al momento yo no lo note sino fuese porque a la hora de la salida ella hizo demasiado tiempo al no salir hasta que nos quedamos solos en ese momento me dijo lo que había visto y me pidió que no me avergonzara por ello acto seguido me beso, me comento que conocía un lugar donde me podía ayudar y que estaba cerca de una clínica que se dedica al tratamiento del pie diabético.

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